«Cómo ser asquerosamente inteligente»: la nueva estética que marcará las redes sociales en 2026
¿Estamos ante el fin de las creadoras de contenido tal y como las conocíamos?
De la estética del matcha y la productividad hemos pasado a la del libro subrayado y la mirada analítica. En 2026, las redes sociales ya no premian solo el entretenimiento, sino la apariencia —y el valor— del capital intelectual.
Una imagen que ya nos resulta más que familiar: una chica en la cinta de correr, vestida con ropa de yoga en tonos pastel, tomando un matcha latte a las siete de la mañana. Horas después, esa misma chica aparece como mujer empresaria en una cafetería de especialidad, respondiendo emails con gesto concentrado. Durante los últimos años, esta ha sido la iconografía dominante en las redes sociales: productividad, autocuidado y lifestyle aspiracional. Sin embargo, de cara a 2026, algo está cambiando de forma profunda.
He englobado a estos sujetos bajo el término de «las bendecidas y agradecidas de Instagram», mujeres millennials de entornos privilegiados (o, al menos, en apariencia) que ahora, sin embargo, han iniciado la conquista de un nuevo territorio: el capital intelectual. Ya no basta con ser bonita, trabajadora y exitosa. Ahora, además, hay que parecer —como muchas de ellas han subido estos días en sus perfiles— «asquerosamente inteligente». El giro no es anecdótico: responde a una mutación cultural que ya se deja sentir tanto en las plataformas digitales como en la industria editorial.
No es de extrañar que muchos de estos contenidos hayan empezado a proliferar, de forma cada vez más frecuente y abundante, en las redes sociales. Famosas que nunca habían hecho alarde de leer, lideran ahora clubes de lectura; chicas con lacitos de terciopelo en la cabeza que ya no posan en el asfalto, sino en museos o librerías antiguas; grupos de amigas —las llamadas girlies— que se reúnen para comentar libros entre pizzas y vino, todo muy aesthetic y muy de hermandad. Lo nerd, lo supuestamente aburrido, vuelve a ponerse de moda. No porque hayamos dejado atrás la lógica de la exhibición, sino porque ahora lo que queremos exhibir es otra cosa.
El libro, en este contexto, está dejando de ser solo un objeto de lectura para convertirse en un elemento dentro del performance reading: se muestra, se pasea fuera del bolso, se integra en la decoración del hogar. El mensaje es claro: queremos aparentar que somos lo que leemos. Y, más aún, que leemos mejor que los demás. La lectura se transforma en un nuevo mecanismo de diferenciación social.
❝ Queremos aparentar que somos lo que leemos. Y, más aún, que leemos mejor que los demás. La lectura se transforma en un nuevo mecanismo de diferenciación social.
Una forma más de validación externa. Sin embargo, no todo es negativo. Decía Edith Wharton que un buen lector es aquel que es capaz de extraer la mayor cantidad de pensamiento de la más alta calidad. Y añado yo: si incluso lo que cae en sus manos es un mal libro.
Este fenómeno no es inocuo. Está teniendo un impacto real en la industria editorial, que empieza a entender que el prestigio puede vender tanto como el entretenimiento. De hecho, la pregunta ya circula con fuerza: ¿estamos ante el fin de las creadoras de contenido tal y como las conocíamos? En 2026, las reglas del juego parecen apuntar a otra dirección. El seguimiento ya no se concede solo por el anhelo de evasión, sino por la capacidad de análisis.
El poder simbólico se desplaza. El auge que se avecina no es el de la viralidad vacía, sino el del pensamiento crítico. Y, por primera vez en décadas, el capital intelectual se perfila como la nueva élite digital.



La gran pregunta es si servirá de algo o solo será una tendencia más que será quemada hasta los cimientos y nos que nos dejará aún más tocados a los que llevamos años con perfiles culturales.
Un pensamiento puede llenar un vacío que no puede ser contenido por un velo superficial.