🌸 Quien controla la tecnología controla también a dónde dirigir la mirada
Tus malas hierbas de marzo...
Querida, queridísima mala hierba:
Se habla mucho de la responsabilidad que tienen quienes crean, pero ¿qué pasa con el sentido crítico de quienes consumen?
Quien elabora un contenido debería pararse a analizar mínimamente el impacto que está generando lo que publica, es cierto (si os interesa este tema, tenéis que leer el ensayo Colapso feminista de Alice Cappelle), pero no debemos ignorar tampoco que quien lo recibe es otra persona exactamente igual que tú, con el mismo acceso a las mismas herramientas de las que tú dispones. E ignorar esto es caer en un paternalismo fatal, en la presunción de que la persona que te lee es un sujeto inocente y mucho menos inteligente que tú y, por ende, más vulnerable y fácil de manipular. ¿Por qué infantilizamos siempre a nuestra audiencia?
Hace unos meses, me confesaba una librera que a ella no le había gustado el libro de Fulanita porque era una pija que iba de progre y que, en realidad, «no sabía nada de la vida» (omito su nombre porque, además, es una escritora reconocida que a mí me fascina). Le pregunté: ¿por qué la vida de Fulanita no debería ser narrable? ¿Porque lleva una buena vida? ¿Fulanita solo puede tener potestad sobre su relato si su vida es miserable? ¿Por qué si esa misma vida la lleva un varón no la cuestionamos, pero en el caso de una fémina la miramos con lupa? ¿No era esa la vida que llevaban, en realidad, todas las autoras clásicas que tanto veneramos? Viajes, amantes, hoteles, residencias, premios, becas. ¿De dónde nace ese escozor?
Creo que la magia de la literatura es que es capaz de acercarnos a narraciones que acontecen fuera de nuestra burbuja. Y a mí, personalmente, me apetece adentrarme en todas esas esferas (sí, en todas: tanto en las más grandes como en las más pequeñas). Cada persona habita un contexto diferente y, aunque es responsabilidad del que crea (o escribe) hacer ver que ese relato es únicamente eso, un fragmento de una vida ajena (que puede estar ficcionada o no), es responsabilidad de quien lo recibe (y lo lee) analizarlo críticamente como lo que es, un molde que no tiene (y no debería) por qué compartir.
¿Sobre qué relatos podemos tener potestad? ¿Qué narrativas son dignas de ser contadas?
Pensar críticamente no es criticar algo e ir a degüello, sino tener la capacidad de saber colocarse desde todas las aristas. Y, por supuesto, ser consciente de que la complejidad no puede resumirse en un vídeo de un minuto en una red social. Hoy me pregunto yo también no solo por quien crea, sino por quien mira. De qué manera feroz escupimos las vísceras a la cara de quienes (se) exponen y cómo los demás, como espectadores, nos lavamos las manos ante una aterradora falta total de indulgencia.
Si estamos acá, ambos —creadores y audiencia, escritores y lectores— estamos expuestos porque, además, la línea que nos limita geográficamente es intermitente y difusa: en el momento en el que tienes una red social y escribes un comentario, estás creando, aunque no seas creador de contenido como tal. ¿Cómo movernos en esta esfera de urgente visibilidad? ¿Cómo operar bajo sus leyes?
Recientemente ha publicado la periodista Andrea Proenza (@michislibris) un reel en su perfil donde afirma que toda tecnología es política, en el sentido de que no podemos ignorar que su infraestructura está en manos de una compleja alianza de discursos e instituciones que, al final, están bañadas por las mismas premisas. En otras palabras, que quien controla la tecnología posee un inmenso instrumento de poder porque, con ella, controla también a dónde dirigir la mirada.
Como sociedad, creo que la cuestión de la creación de contenido no debería recaer únicamente en quienes crean, sino ampliar el horizonte y abarcar tierras un poco más alejadas. Sabernos todos también dentro de este entramado, no trazar una línea de separación porque, como digo, no es tan fácil de delimitar. Para mí pensar críticamente es eso: ensayar preguntas. No quedarnos en la crítica performativa, en el vídeo fácil, en el espectáculo (qué cansadita me tiene todo esto). Lo fácil es señalar, lo difícil es colocarse en el resto de las aristas.
Finalizo, en este divagar mío, con una última reflexión en la que quiero aclararos una cosa: este perfil no ha sido creado para darle lecciones de moralidad a nadie. Aquí hemos venido, sobre todo, a hacernos preguntas. Cuestionarse es agotador, cierto, porque es partir de la tierra de la incertidumbre. Pero es el único territorio que actualmente reconozco fértil. No estoy obligada con ello a posicionarme en cada causa. No soy activista ni pretendo serlo. Me falta muchísima formación y proceso de análisis. Tampoco estoy obligada a arrojar dictámenes certeros. Mi manera de pensar cambia constantemente, se baña, como la de todo el mundo, en la incongruencia. Sí, ser incongruente es humano. Pero eso no debe eximirnos nunca de la responsabilidad colectiva que tenemos de informarnos y labrarnos un criterio (tanto como creadores como observadores, que no se nos olvide). No férreo. No de todo. No todo el tiempo. Pero sí quiero que entendáis que ese es nuestro único compromiso vital. El único. Tampoco pido tanto, ¿cierto?

Febrero ha sido un mes cortísimo y larguísimo al mismo tiempo. Casi no me he dado cuenta de que ya ha pasado y me está costando mucho procesar todas las noticias que he recibido en los últimos días. Además de presentar a David Foenkinos y entrevistar a Elvira Sastre (qué dos sueños), estoy recibiendo muchas propuestas interesantes que ojalá pueda contaros en los próximos días. Me dijo mi amiga Erika que el 2026 iba a ser un año revuelto en el que iba a recoger muchos frutos. El esfuerzo no siempre es garante de éxito, pero yo no conozco otra forma de alcanzar mis objetivos más que perseverando en la ventisca.
Y ahora, antes de pasaros toda la agenda cultural de marzo, os dejo también uno de mis últimos vídeos de YouTube más especiales, para que os hagáis una idea de a qué me refiero cuando hablo de vivir de escribir (publicar es solo una consecuencia, pero la escritura es mucho más que ver nuestro libros impresos).
AGENDA CULTURAL DEL MES
Miércoles 11 de marzo: taller de escritura y grafología. Una tarde con vino y picoteo en la que contaremos con una experta grafóloga, Macarena Arnás, que nos desvelará los rasgos ocultos de nuestra caligrafía (sí, nuestra letra va cambiando y evolucionando con el paso del tiempo y sus trazados revelan cómo estamos en este momento vital). Además, podéis traer cartas de amantes, postales de amigas, tarjetas de vuestros abuelos… Todos esos escritos a mano que queráis desvelar. Será a las 19:00 horas en La Botica de las Letras (calle Cervantes 10, Madrid) y el coste de la actividad es de 25€. Podéis apuntaros respondiendo a este mensaje.
Domingo 22 de marzo: brunch de escritoras. Cuarta edición de Así escribían ellas, después de haber analizado las jornadas de Carmen Martín Gaite, Virginia Woolf y Harper Lee. Una mañana adoptando la rutina creativa de una genia de la literatura (este mes toca Sylvia Plath). El evento incluye: desayuno temático con masterclass de la autora del mes, dos talleres de escritura, materiales de lectura y escritura, y detallitos literarios personalizados. El precio total de la actividad es de 50€ (20€ de inscripción vía web y 30€ el día del evento) y tiene una duración de tres horas, de 10:00 a 13:00 horas. ¡Queda la última plaza! Puedes reservarla haciendo clic aquí.
Miércoles 25 de marzo: club de lectura mensual. Leeremos el Premio Nadal de este año que está dando tanto que hablar: La ciudad de las luces muertas de David Uclés. Será una velada con música, vino, comentario de la lectura, actividad creativa y ejercicio de lectura crítica para exprimir al máximo la novela. De 19:00 a 21:00 horas. El precio de esta actividad es de 20€ (7€ de inscripción vía web y 13€ a abonar el día del evento). Quedan las últimas plazas. Puedes reservar tu cupo haciendo clic aquí.
Y eso sería todo por hoy. Este mes tengo la intención de acabar mi novela. En realidad, ya la he finalizado, pero ahora quiero centrarme estas próximas semanas en terminar de revisarla y reescribir lo que haga falta. Así que del 13 al 20 de marzo voy a estar desconectada de las redes (a excepción de las tres noches de la maratón digital), por si veis que no respiro demasiado jejeje
Gracias por brotar conmigo.
Vuestra, etcétera,
Andrea Mateos 🌸




Hay personas que sentencian quién tiene derecho a algo y quién no.
Si tienes un buen salario, al parecer no te puedes quejar de tu jefe. Y si has nacido en una familia acomodada, no tienes derecho a hablar del dolor.
Solo puede quejarse quien cobra menos que tú y solo puede hablar del dolor quien ha nacido en clase media, baja o inferior.
Me parece alucinante que, a estas alturas, a algunas personas no les entre en la cabeza que todos los seres humanos tenemos las mismas necesidades básicas de expresarnos libremente.
El juicio rápido y de masas es tan peligroso que estamos viendo cómo a algunas personas les destrozan literalmente la vida.
Sin embargo, tengo esperanza en el ser humano. Tengo esperanza en que recapacitemos sobre ello y pensemos un poco más los juicios que emitimos.
Sin duda, escritos como el tuyo ayudan a que sea así.
Gracias por compartir 😊